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Dicen que la primera vez que vas a Ibiza, puedes sentir como la isla te acepta o te rechaza. Hace cinco años decidí conocerla y a día de hoy, compro tantos billetes de avión como de metro. Tengo la sensación de que me aceptó.

Cuando me plantearon unas vacaciones en Ibiza, lo primero que pensé fue ¿y si no tienes ocasión de volver? Y allí estaba, con un amigo, en el aeropuerto, con la maleta llena de ilusión y de mucha ropa. Nos alojamos en casa de un policía de León, que estaba trabajando en Santa Eulalia, y por suerte, su novia, que había nacido en ese pueblo, nos enseñaría todo lo que queríamos ver.

Érase una vez Ibiza
Mi primera ‘Flower Power’

Solamente contaba con cuatro días para conocer la isla de norte a sur y, cómo no, aproveché hasta el último segundo del viaje. Fuimos a tres calas por día, comimos en restaurantes típicos y probamos las hierbas ibicencas, (un gran descubrimiento). Sacamos tiempo para recorrer Formentera en moto, me enamoré de sus playas y de su ambiente. Vimos puestas de sol espectaculares, disfruté de magníficas vistas y pasamos noches Flower Power.

Me quedaron millones de cosas por ver y hacer, pero cuando monté en el coche dirección al aeropuerto, tuve claro que volvería a Ibiza, porque si en el primer viaje me había enamorado, ¿qué haría conmigo los siguientes?

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